¡Hossana!

En un ambiente que cada día se recrudece más de violencia, crimen, impunidad y terror, la segunda arquidiócesis más importante del mundo católico cambió de titular. 22 años después de que el poblano Norberto cardenal Rivera se hiciera del cargo, Carlos cardenal Aguiar Retes tomó el báculo que simboliza su autoridad eclesiástica.

Allá afuera, en las calles, un soldado que viajaba en un transporte urbano repele un asalto al pasaje, mata a los dos ladrones y muere él mismo más tarde como consecuencia de las heridas recibidas. Por todo el país la inseguridad nos tiene con el Jesús en la boca y la tranca en la puerta.

Fuera del templo, la crisis de las vocaciones ha dejado una grey de ocho millones de católicos con su nuevo pastor. La desilusión y el desencanto con la iglesia y sus sacerdotes han hecho mella en la fe de los católicos. El fenómeno no es exclusivo de México, pero en un país tan acendradamente religioso se nota con mucho mayor intensidad. Tal vez por ello, el cambio de guardia en la Catedral Metropolitana de la capital del país sea visto con esperanza para aquellos que profesan esa creencia.

La publicación semanal de la arquidiócesis, Desde la Fe, hizo en su editorial del 28 de enero pasado una exégesis del ejercicio de Norberto Rivera, cubriéndole de elogios y parabienes. No pudo, sin embargo, esquivar la principal crítica que a Rivera se le ha hecho por años: su tolerancia, que algunos califican de complicidad, con las conductas impropias de algunos impropios ministros del culto católico. “Un tema comenzó a llenar de sombras su desempeño episcopal a partir de una calumnia incesantemente repetida”, escribió el semanario en alusión sesgada a las denuncias de encubrimiento a las conductas de pederastia que en varias ocasiones han surgido y no pudieron jamás sustentarse en tribunales.

La grey católica está muy dolida por esos descubrimientos recientes. No solamente en México. El papa Francisco, durante su muy reciente visita a Chile, fue objeto de un recibimiento hostil por parte de una sociedad que no ha visto en su iglesia la condena y el castigo a quienes han incurrido en esas conductas. Tal vez por ello los católicos mexicanos quisieran ver aires de cambio en la instauración del nuevo arzobispo.

Aires de cambio que no pueden darse de manera súbita y radical. Al entregar el cargo, el cardenal Rivera cuidó muy bien de señalar que deja una arquidiócesis unida, que cuenta con robustez y recordó que durante su ministerio defendió a la familia, al matrimonio natural y el derecho de los no nacidos, en referencias que no necesitan explicación.

El cardenal Aguiar Retes propuso a los fieles favorecer “la reconciliación de las diferencias y la integración de diversidades”. El lenguaje de la iglesia no puede ir más allá.

Lo que sí va más allá es la fama que precede al nuevo pastor. Su cercanía al papa Francisco en el ámbito de la Conferencia Episcopal Latinoamericana permite avizorar un cambio de rumbo que, sin llegar a una transformación radical de conductas, introduzca filigranas de trato en favor de una mayor tolerancia y un mejor acercamiento a la feligresía, especialmente la joven que, acudiendo a la parla popular nuestra, ya no comulga con ruedas de molino.

Y no se trata solamente de un reclamo que los feligreses están haciendo desde hace tiempo; en México y de manera particular luego de que los pecados del padre Marcial Maciel se hicieran conocidos, así fuera de manera soterrada y a medias. Aquí estamos hablando de una crisis de vocaciones y de fe que si la iglesia no soluciona va a tener —está teniendo ya— consecuencias graves de deserción. Peor aún, de desesperanza.

PILÓN.— Eso de que el tiempo pasa es un error muy enraizado. El tiempo se queda y no perdona. Los precandidatos de la precampaña presidencial —para que amarre— ya lo deberían haber entendido. Especialmente el señor Meade y sus incapaces asesores que se llevaron a un rijoso panista a la posición de vocero para terminar de agraviar a los militantes del partido que postula al valioso precandidato. José Antonio Meade sí tiene realmente aspiraciones a figurar en la recta final de estas elecciones, una recta que ya ha comenzado, pero tiene que distanciarse radical y públicamente del régimen actual, romper con la historia y tradición de los errores cometidos y de las afrentas de corrupción que tan presentes están en la mente de los electores.

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Source: Nacional

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